
…Cuando el niño era niño era el tiempo de preguntas como: ¿Por qué yo soy yo y no soy tú? ¿Por qué estoy aquí y por qué no allá? ¿Cuándo empezó el tiempo y dónde termina el espacio? ¿Acaso la vida bajo el sol es tan solo un sueño? Lo que veo oigo y huelo, ¿no es sólo la apariencia de un mundo frente al mundo? ¿Existe de verdad el mal y gente que en verdad es mala? ¿Cómo es posible que yo, el que yo soy, no fuera antes de existir; y que un día yo, el que yo soy, ya no seré más éste que soy?… Peter Handke
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Poner en práctica un programa educativo y didáctico como Filosofía para niños en secundaria, exige tanto para el docente que imparte las clases, como para el alumnado que las recibe una mirada retrospectiva al niño que fuimos y un ejercicio de desengrase mental que active el mecanismo de la interrogación absoluta. Para quien cuestionarse la realidad del mundo que habita se ha convertido en una imposibilidad o en un ejercicio ya olvidado del pasado, no deja de ser toda una sorpresa, a veces desagradable, la puesta en práctica de esta manera de aprender. En las primeras clases, las preguntas surgidas tejen en torno a nosotros una fina tela de araña, en la que nos balanceamos como tímidos acróbatas deseosos de un terreno firme en el que pisar. La respuesta a nuestras dudas, juguetona y esquiva como la niñez, nos besa en la frente cuando la creatividad y el pensamiento crítico se dan la mano.

1 respuesta hasta el momento ↓
juanat // Octubre 26, 2007 a 10:18 pm
Hola Mª Luisa: Es cierto que a veces en las clases uno se siente como haciendo piruetas, dando el salto mortal…o incluso haciendo el payaso. Y digo lo último en el sentido más cariñoso y profundo de la palabra. Hay que saber ponerse en otras pieles, hacer reir, crear sorpresa, crear emociones.
Un saludo
Juanjo