Es preferible sufrir una injusticia que cometerla.
Sócrates
Para Sócrates cometer injusticia es mucho peor que sufrirla, porque es más deshonroso. Hacer mal voluntariamente es malo y vergonzoso. En este caso y como expone en el Gorgias, el que comete una culpa ha de ser castigado para librar su alma de la injusticia y obtener un bien. Lo peor es ser culpable y no recibir castigo por ello, ya que el alma no se libra de su mancha. Además si se recibe injusticia no se debe responder con la injusticia, puesto que nunca se debe de incurrir en un acto injusto.
En la obra La barca sin pescador de Alejandro Casona, el diablo propone devolverle las riquezas a un arruinado empresario a cambio de que éste cometa un crimen y así poder quedarse con su alma. Una cita de Chateubriand sirve de inspiración a Casona:
“En el más remoto confín de la China vive un Mandarín
inmensamente rico, al que nunca hemos visto y del cual ni siquiera
hemos oído hablar. Si pudiéramos heredar su fortuna, y para
hacerle morir bastara con apretar un botón sin que nadie lo supiese,
¿quién de nosotros no apretaría ese botón?”
(Chateaubriand. “El genio del Cristianismo”)
Esta es la obra completa:
Diálogo entre el empresario y el diablo, fragmento de la obra:
CABALLERO.
Tu lista está bien nutrida de traiciones, bajezas, escándalos y daños. Ni el dolor humano te ha conmovido nunca, ni has guardado jamás la fe jurada, ni has respetado la mujer de tu prójimo. En cuanto a aquello de no codiciar los bienes ajenos creo que será mejor no hablar, ¿verdad?
RICARDO.
Si; realmente, sería muy largo.
CABALLERO.
En una palabra; todo lo que la Ley te manda respetar, lo has atropellado; todo lo que te prohíbe, lo has hecho. Hasta ahora, sólo un mandamiento te ha detenido: “No matarás”.
RICARDO.—(Inquieto, levantándose.)
¿Es un crimen lo que vienes a proponerme?
CABALLERO.
Exactamente; lo único que falta en tu lista. Atrévete a completarla, y yo volveré a tus manos las riendas del poder y del dinero, que acabas de perder.
…..
CABALLERO.
(…) vamos a los números, que es tu fuerte. (Vuelve a consultar la ficha.) En tu empresa trabajan tres mil hombres respirando los gases de las minas y el humo de las fábricas. Según las estadísticas todos ellos mueren cinco años antes de lo normal. Tres mil hombres a cinco años, son ciento cuarenta siglos de vida truncada. ¡Linda cifra, eh! La historia del mundo no tiene tanto.
RICARDO.
Tampoco de eso es mía la culpa. Yo no inventé el sistema.
CABALLERO.
Pero vives de él cómodamente. Y todo esto sin contar a los que tosen en plena juventud gracias a ti; y a los que engendran hijos raquíticos, gracias a ti; y a los viejos prematuros, y a los mutilados…
RICARDO.
¡Tenemos los mejores hospitales del país!
CABALLERO.
Lo de siempre: primero fabricáis los enfermos y después los hospitales.
….
RICARDO.
¡Ah! Pero de esos males de que me acusas, no soy el responsable yo sólo.
Somos muchos. ¡Todos!
CABALLERO.
En eso no te falta razón. Para emplear tu lenguaje yo diría que son…
“crímenes anónimos, de responsabilidad limitada”.
RICARDO.
Exacto.
CABALLERO.
Por eso vengo a proponerte uno que sea exclusivamente tuyo; con plena responsabilidad.
RICARDO.
Es inútil. ¡No mataré…! ¡No mataré!
CABALLERO.
Calma.Un hombre de presa como tú no rechaza un negocio sin escuchar las condiciones.
RICARDO.
Por buenas que sean. Una cosa es encogerse de hombros ante la vida de los demás, y otra muy distinta matar con las propias manos.
CABALLERO.
¿Y si no hicieran falta las manos?
….
RICARDO.
Dicen que los criminales sueñan con sus víctimas.
CABALLERO.
Tú no. Ni siquiera necesitarás conocerla. Puedes elegir un nombre cualquiera en cualquier lugar de la tierra. Cuanto más lejos, mejor. Por ejemplo… (Se levanta; se descalza un guante que deja sobre la mesa, y hace girar la esfera. Después la detiene con el dedo, al azar.) Aquí. Al otro lado del mar. Una pequeña aldea de pescadores en el Norte. ¿Has estado en el Norte alguna vez?
RICARDO.
Nunca.
CABALLERO.
Mejor; conocer un paisaje es casi conocer al hombre. Ahora haz un esfuerzo mental, y sígueme. (La luz baja más dejando sólo iluminadas las dos figuras junto a la esfera.) Mira, ya es de noche en la aldea. Ahí tienes a Péter Anderson —un pescador como otro cualquiera— subiendo la cuesta de su casa, frente al mar. Sopla un viento fuerte. ¿Lo oyes…? (Se oye, primero vagamente y después cada vez más próximo, el silbido del viento.)
RICARDO.
No sé… Es algo así como si me zumbaran los oídos…
CABALLERO.
Concéntrate más. Péter Anderson acaba de comprarse una barca, y sube alegremente la cuesta, cantando una vieja canción… ¿La oyes? (Se oye la canción lejana, acercándose. Fondo de acordeón.)
RICARDO.
La siento acercarse. ¿No es una ilusión mía?
CABALLERO.
No, es que tu alma está ahora allí. Péter Anderson ha bebido un poco de whisky… el despeñadero sobre la playa es peligroso… y corre un viento capaz de derribar a un hombre. Mañana, cuando lo encuentren en el fondo del acantilado, todo el mundo creerá que fue el viento. (Pausa. Se oye más clara la canción y el silbar del viento.) ¿Qué esperas? Un simple esfuerzo de voluntad, y toda la fortuna y el poder volverán de golpe a tus manos. (l…) ¿Qué esperas…?
….
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¿Es preferible sufrir una injusticia antes que cometerla? ¿Qué harías si estuvieras en lugar del protagonista?
















