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Surcando el Cosmos

 Las presentaciones que vimos en clase para reflexionar acerca de nuestro (diminuto) lugar en el Cosmos causaron bastante revuelo. Algunos comentaron que las galaxias que aquí aparecen son dibujos. ¿De dónde salen esas fascinantes imagénes? ¿Cómo conocemos las asombrosas proporciones de otros soles que hacen desaparecer al nuestro?

Si quieres saber más del tema: Surcando el Cosmos es un especial de El Mundo dedicado a Galileo y la exploración del universo desde la construcción del primer telescopio hasta el Hubble.

Para los que faltaron:

Tras este viaje por el universo y la angustia que puede despertar el abismo del infinito, he retomado un precioso relato de Borges: El Aleph. El Aleph es un punto que contiene en sí todos los puntos. ¿Y si nos asomáramos por él?

” En la parte inferior del escalón, hacia la derecha, vi una pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor. Al principio la creí giratoria; luego comprendí que ese movimiento era una ilusión producida por los vertiginosos espectáculos que encerraba. El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño. Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas, porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo. Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de América, vi una plateada telaraña en el centro de una negra pirámide, vi un laberinto roto (era Londres), vi interminables ojos inmediatos escrutándose en mí como en un espejo, vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó, vi en un traspatio de la calle Soler las mismas baldosas que hace treinta años vi en el zaguán de una casa en Frey Bentos, vi racimos, nieve, tabaco, vetas de metal, vapor de agua, vi convexos desiertos ecuatoriales y cada uno de sus granos de arena, vi en Inverness a una mujer que no olvidaré, vi la violenta cabellera, el altivo cuerpo, vi un cáncer de pecho, vi un círculo de tierra seca en una vereda, donde antes hubo un árbol, vi una quinta de Adrogué, un ejemplar de la primera versión inglesa de Plinio, la de Philemont Holland, vi a un tiempo cada letra de cada página (de chico yo solía maravillarme de que las letras de un volumen cerrado no se mezclaran y perdieran en el decurso de la noche), vi la noche y el día contemporáneo, vi un poniente en Querétaro que parecía reflejar el color de una rosa en Bengala, vi mi dormitorio sin nadie, vi en un gabinete de Alkmaar un globo terráqueo entre dos espejos que lo multiplicaban sin fin, vi caballos de crin arremolinada, en una playa del Mar Caspio en el alba, vi la delicada osadura de una mano, vi a los sobrevivientes de una batalla, enviando tarjetas postales, vi en un escaparate de Mirzapur una baraja española, vi las sombras oblicuas de unos helechos en el suelo de un invernáculo, vi tigres, émbolos, bisontes, marejadas y ejércitos, vi todas las hormigas que hay en la tierra, vi un astrolabio persa, vi en un cajón del escritorio (y la letra me hizo temblar) cartas obscenas, increíbles, precisas, que Beatriz había dirigido a Carlos Argentino, vi un adorado monumento en la Chacarita, vi la reliquia atroz de lo que deliciosamente había sido Beatriz Viterbo, vi la circulación de mi propia sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo. “

(Visto en El poder de la palabra)

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Una mota de polvo

Después de ver Agora en clase he recordado este vídeo de Carl Sagan acerca de La Tierra que aparece en la serie Cosmos. Las imágenes de la cámara alejándose de Alejandría y mostrándonos nuestro planeta con la oscuridad cósmica de fondo, nos recuerdan la futilidad de nuestras disputas y lo lejos que estamos de tener un lugar privilegiado en el Cosmos. La Tierra, “ese pálido punto azul, una mota de polvo suspendida en un rayo de sol”.

Estas son las palabras de Carl Sagan ante la fotografía de las sondas Voyager tomada a 6.000 millones de kilómetros el 14 de febrero de 1990.

Para leer:

“Mira ese punto. Eso es aquí. Eso es casa. Eso es nosotros. En él se encuentra todo aquel que amas, todo aquel que conoces, todo aquel del que has oído hablar, cada ser humano que existió, vivió sus vidas. La suma de nuestra alegría y sufrimiento, miles de confiadas religiones, ideologías y doctrinas económicas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de la civilización, cada rey y cada campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, cada esperanzado niño, inventor y explorador, cada maestro de moral, cada político corrupto, cada “superestrella”, cada “líder supremo”, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie vivió ahí – en una mota de polvo suspendida en un rayo de luz del sol.

La Tierra es un muy pequeño escenario en una vasta arena cósmica. Piensa en los ríos de sangre vertida por todos esos generales y emperadores, para que, en gloria y triunfo, pudieran convertirse en amos momentáneos de una fracción de un punto. Piensa en las interminables crueldades visitadas por los habitantes de una esquina de ese pixel para los apenas distinguibles habitantes de alguna otra esquina; lo frecuente de sus incomprensiones, lo ávidos de matarse unos a otros, lo ferviente de su odio. Nuestras posturas, nuestra imaginada auto-importancia, la ilusión de que tenemos una posición privilegiada en el Universo, son desafiadas por este punto de luz pálida.

Nuestro planeta es una mota solitaria de luz en la gran envolvente oscuridad cósmica. En nuestra oscuridad, en toda esta vastedad, no hay ni un indicio de que la ayuda llegará desde algún otro lugar para salvarnos de nosotros mismos.

La Tierra es el único mundo conocido hasta ahora que alberga vida. No hay ningún otro lugar, al menos en el futuro próximo, al cual nuestra especie pudiera migrar. Visitar, sí. Colonizar, aún no. Nos guste o no, en este momento la Tierra es donde tenemos que quedarnos.

Se ha dicho que la astronomía es una experiencia de humildad y construcción de carácter. Quizá no hay mejor demostración de la tontería de los prejuicios humanos que esta imagen distante de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos los unos a los otros más amablemente, y de preservar el pálido punto azul, el único hogar que jamás hemos conocido.”

Curiosidad. (Visto aquí)


Durante el tiempo de planificación, la NASA convocó a Carl Sagan y a su equipo integrado por Ann Druyan, F. Drake y Jon Lomberg, entre otros, para la creación de un mensaje de la humanidad para civilizaciones extraterrestres, que iría en cada una de las sondas Voyager, como los que llevaban las sondas Pioneer.

Este sería mucho más elaborado, como la diagramación del mensaje entró durante la última fase del planeamiento, Sagan y su equipo debieron trabajar contra reloj para finalmente entregar un compilado de información que, al día de hoy, está considerado como el mensaje más grande de la humanidad para tiempos y seres futuros.

Se trata de un disco fonográfico (aún no existía el CD y la tecnología del láser recién se expandía) conteniendo los más variados sonidos de la Tierra, como volcanes en erupción, lluvia, fuego y voces saludando en casi todos los idiomas y dialectos de la Tierra, además de una gran selección musical que va desde las obras de Mozart y Beethoven hasta las étnicas de Senegal e India, pasando por Chuk Berry y Mariachis.

El disco va recubierto por un estuche de oro en cuyo relieve están diagramadas las instrucciones para ejecutarlo.

La otra parte del mensaje está compuesta por 118 fotografías de la mayor variedad, allí se ven ciudades, campos, paisajes, gente de todas las razas realizando todas las acciones, todos los oficios y en todos los medios, en la tierra, bajo el agua, en el aire y en el espacio; también hay muchos diagramas de la anatomía humana.

La Biblioteca de Alejandría

Vamos a ver en clase la película Agora de Amenabar, pero antes vamos a recorrer la Biblioteca de Alejandría de la mano de Carl Sagan en la serie Cosmos (que recomiendo íntegra). Dice de ella que es “el faro de nuestro viaje a las estrellas”. Coincido con él, quién tuviera un carnet de lectura para poder recorrerla y rescatar del olvido lo que contuvo… La magnitud de su pérdida es incalculable.

Página donde se puede leer lo dicho por Carl Sagan en el capítulo. Pincha aquí

ACTIVIDADES

  1. Carl Sagan llama a la Biblioteca de Alejandría “el faro de nuestro viaje a las estrellas”. ¿Qué estudiaban allí principalmente?
  2. ¿Qué significa la palabra Cosmos? ¿Y cosmopolita?
  3. “Había en la biblioteca una comunidad de eruditos que exploraban la física, la literatura, la medicina, la astronomía, la geografía, la filosofía, las matemáticas, la biología y la ingeniería.”¿Quiénes eran, que descubrieron cada uno de ellos y en qué campos del saber destacaron?
  4. ¿Qué defendía Aristarco? ¿y Ptolomeo? ¿Cuál de ellos tardó 1000 años en ser redescubierto?
  5. “Es evidente que allí estaban las semillas del mundo moderno. ¿Qué impidió que arraigaran y florecieran? ¿A qué se debe que Occidente se adormeciera durante mil años de tinieblas hasta que Colón y Copérnico y sus contemporáneos redescubrieron la obra hecha en Alejandría?”
  6. ¿Quien fue Hipatia? ¿Qué época vivió de la Biblioteca ? ¿Qué inventos le atribuye Sinesio de Cirene?
  7. Observa el cuadro de Rafael,  La Escuela de Atenas y localiza en él a Hipatia. Identifica a algún otro filósofo.