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Miguel Hernández

Se cumplen 70 años de la muerte de Miguel Hernández Gilabert (1910-1942). Qué menos que recordarlo releyendo algunos de sus hermosos poemas. Sin saber muy bien con cual quedarme, elijo al final para este el blog aquello que escribió para mi tierra y que no puedo evitar entonar cada vez que me asomo a Despeñaperros.

ACEITUNEROS

Andaluces de Jaén,

aceituneros altivos,

decidme en el alma, ¿quién,

quién levantó los olivos?

 

No los levantó la nada,

ni el dinero, ni el señor,

sino la tierra callada,

el trabajo y el sudor.

 

Unidos al agua pura

y a los planetas unidos,

los tres dieron la hermosura

de los troncos retorcidos.

 

Levántate, olivo cano,

dijeron al pie del viento.

Y el olivo alzó una mano

poderosa de cimiento.

 

Andaluces de Jaén,

aceituneros altivos,

decidme en el alma ¿quién

quién amamantó los olivos?

 

Vuestra sangre, vuestra vida,

no la del explotador

que se enriqueció en la herida

generosa del sudor.

 

No la del terrateniente

que os sepultó en la pobreza,

que os pisoteó la frente,

que os redujo la cabeza.

 

Árboles que vuestro afán

consagró al centro del día

eran principio de un pan

que sólo el otro comía.

 

¡Cuántos siglos de aceituna,

los pies y las manos presos,

sol a sol y luna a luna,

pesan sobre vuestros huesos!

 

Andaluces de Jaén,

aceituneros altivos,

pregunta mi alma: ¿de quién,

de quién son estos olivos?

 

Jaén, levántate brava

sobre tus piedras lunares,

no vayas a ser esclava

con todos tus olivares.

 

Dentro de la claridad

del aceite y sus aromas,

indican tu libertad

la libertad de tus lomas.

 

 

Llamar a las cosas por su nombre

Sigo leyendo poesía (para desintoxicarme de las correcciones de exámenes y trabajos). He llegado a un blog: Militia Lyrica, revista electrónica de poesía. Extraigo unas palabras de su editorial y un poema.

 Para poder combatir la injusticia debemos darle forma, darle nombre: verla. Es el primer paso para recuperar nuestro poder sobre nuestras vidas, robado sin que nos demos cuenta, poco a poco, con la sutilidad de la serpiente o del virus.

La función del poeta es revelar con su palabra, sacar a la luz, nombrar lo que el sistema mantiene tapado, disfrazado, enterrado en su marea de colores y estruendo mediático. Es un poder maǵico contra la pseudo-lógica (mito en realidad). La misma función que tuvo la invención del lenguaje: nombrar las cosas para comprenderlas, para dominarlas. Nos han robado las palabras, las han cambiado de sentido. Debemos contraatacar.

Revelar para rebelar(nos).

Esa es la idea que mueve nuestra Militia Lyrica internacional.

Precio, aprecio, desprecio

Ahora mismo no estoy trabajando
-se supone-
escribo este poema.
Pero ya sé, eso no cuenta,
aunque se trate de hacer balance de uno,
recuento de los beneficios de nuestra existencia.

Qué lástima entonces el mundo,
qué lástima cuando no quiere tantas veces
que escribamos este poema,
que soñemos en esta línea
que queremos dibujar.

Que no quiere que miremos el mundo por dentro
lejos del precio y la etiqueta.

Ahora mismo no estoy trabajando,
y pregunto a la patronal, al Banco Central Europeo,
al Fondo Monetario Internacional:
¿Hay algún problema?

Juanjo Barral, “Teoría de la relatividad”

*   *   *   *

Poesía necesaria como el pan

“La poesía es un arma cargada de futuro” escribió Gabriel Celaya, para luego ser cantado por Paco Ibañez. Es el día mundial de la poesía. Leo la prensa. Quizás a los mandamases de la OTAN y compañía nadie les recitó un bello poema en su infancia. Les dedico unos versos. (Y a todos mis alumnos a los que no les gusta la política. )

HIJOS DE LA ÉPOCA

Somos hijos de nuestra época,

y nuestra época es política.

Todos tus, mis, nuestros, vuestros

problemas diurnos, y los nocturnos,

son problemas políticos.

Quieras o no,

tus genes tienen un pasado político,

tu piel un matiz político

y tus ojos una visión política.

Cuanto dices produce una resonancia,

cuanto callas implica una elocuencia

inevitablemente política.

Incluso al caminar por bosques y praderas

das pasos políticos en terreno político.

Los poemas apolíticos son también políticos,

y en lo alto resplandece la luna,

un cuerpo ya no lunar.

Ser o no ser, ésta es la cuestión.

¿Qué cuestión?, adivina corazón:

una cuestión política.

Adquirir significado político

ni siquiera requiere ser humano.

Basta ser petróleo,

pienso compuesto o materia reciclada.

O la mesa de debates de diseño durante meses discutido:

¿redonda?, ¿cuadrada?, ¿qué mesa es mejor

para deliberar acerca de la vida y de la muerte?

Mientras, perecía gente,

morían animales,

ardían casas,

y los campos se quedaban yermos

como en épocas remotas

y menos políticas.

Wislaba Zsymborska

*   *   *

Manifestante en Londrés en contra de la intervención armada en Libia.

Canto a la libertad

Leo en el diario Público que la muerte de Jose A. Labordeta se ha convertido en un fenómeno en las redes sociales y su video del Canto a la libertad el más compartido en las últimas horas. Incluso está siendo coreado de manera multitudinaria en Zaragoza. Bien está que vuelva a resonar esa maravillosa canción. La hemos escuchado en clase junto con el poema Hermano hombre escrito por Miguel Labordeta y recitado por él . (Si quieres  escucharlo pincha aquí.)

Hermano hombre

¡Arriba hermano hombre!
¡Arriba sobre tus sueños de alegría despedazada!
Como un rayo asesinas las nadas circundantes
y en un poco de sangre ilusionas tus dones fracasados.
Todo es cielo en silencio. Tú sólo ruges.
Tú sólo ríes. Tú sólo lloras sobre el mar.
Nace la primavera otra vez para ti.
Y para que tú los venzas
se han hecho los abismos que en cada vida se crea
y las noches terribles
en que una voz desolada
nos advierte para siempre
que nada importa ya.
¡Arriba esa mirada eterna
que desafía océanos impávidos de estrellas
y es capaz de enfrentarse
cara a cara
con la sorpresa de existir
en el inocente vértigo del tiempo!
¡Todo es quimera en torno!
¡Todo es un tigre merendando
entre tumbas y olvido y viento y nubes!
Pero tu relámpago abrasa las colinas
y es tu testuz altiva
como mundos de asombro
la exacta demostración dolorosa
de que el infinito se ha hecho para ti.
Y para que tú la violes sagradamente
he ahí a la vida esperando tus puños y tus besos,
y estelares nacientes prometidas
surcando tu viejo corazón de niño navegante
entre horas sin cerco y amarguras proféticas
moldeando en sollozos la aurora de los dioses.
Triste es el fondo de tus ruinas. Pero un buzo celeste
tú: hombre hermano maldito,
minero de ternura, luchador sanguinario,
sin una meta fija en las noches ardientes,
marcha, busca, acaricia, mata,
ávido de esplendores dice la palabra
y la tierra sabe de un sentido como espadas
y ya no es tan ciego el girar de los soles.

Se ha marchado Labordeta con una mochila bien repleta de sabiduría, bondad y coraje. Ayer me emocioné leyendo el homenaje que le hicieron este verano Teresa Agustín y Carmen Magallón. Precioso. Lo transcribo íntegro.

DOS VOCES PARA LABORDETA

TERESA AGUSTÍN Y CARMEN MAGALLÓN

30 JULIO 20010

Con motivo del homenaje que recibirá mañana, en el IX Festival de poesía Moncayo, el poeta y profesor José Antonio Labordeta en Veruela.

Muchas tardes de lunes me senté con este hombre al que respeto y quiero, en los lejanos días del semanario Andalán, cuando éramos tan jóvenes, y sin embargo ya sabíamos que escribir poesía “era desafiar al mundo”. Labordeta, maestro que ha seguido siéndolo desde la distancia, me enseñó, en palabras de Améry, que si “el mundo aceptaba el desafío” seríamos realmente poetas. Con el tiempo he descubierto ese reto, su riesgo y el tiempo que le ganamos a la hoguera de las vanidades.
Todavía antes, en el frío Teruel, disfruté de sus enseñanzas en las aulas del Instituto de Enseñanza Media Ibáñez Martín al que acudíamos chicos y chicas de toda la provincia. Con un grupo magnífico de profesores, allí desafiábamos las penurias dictatoriales de la época poniendo en marcha iniciativas maravillosamente creativas.
Fue Labordeta quien puso en marcha el grupo de teatro, con el que representamos El mercader de Venecia y La zapatera prodigiosa. En el Colegio Menor San Pablo, modelo de convivencia inconcebible por entonces, tarde tras tarde, ensayábamos con Gonzalo Tena, Joaquín Carbonell, Federico Jiménez, Pilar Navarrete… Y recorriendo pueblos, como titiriteros entusiastas, Labordeta se estrenaría como cantautor. En aquellas veladas, a las que se unían Juana Grandes, Guillermo Gil, Magüi Mira, Eloy Fernández y otros profesores, escuchamos con pasión sus primeras canciones. Más tarde, José Sanchis Sinisterra, nuestro profesor de Literatura, pasaría a dirigir el grupo. Para quienes procedíamos de aquellos pueblos de Teruel, tan pobres y castigados, tener un núcleo de expresión intelectual y cultural de ese calibre, a finales de los sesenta, significaba casi respirar por primera vez. Había un clima de complicidad latente, forjado contra las prohibiciones oficiales, de rebeldía, de deseos y proyectos.
Era Labordeta un profesor de Historia atípico, al que contábamos nuestros sueños y enamoramientos platónicos, y que nos invitaba a su casa a merendar. Con su entrañable socarronería, nos espetaba: “Hala, venid a casa y os hartáis, que las internas pasáis mucha hambre”. No es extraño que quienes estábamos fuera de nuestras casas, con tan poca edad, lo quisiéramos como a un padre. Un cariño que ha continuado en el tiempo. En el día a día, disfrutaba tomándonos el pelo y contando anécdotas chocantes de los reyes, como que la reina Isabel de Castilla sólo se bañó dos veces en su vida: una, el día antes de su boda, y otra, cuando se cayó a una pila de agua. Sin apenas palabras, iba afianzando nuestra autoestima, consciente como era de que veníamos de lugares en los que todavía se arrastraban la inseguridad y el miedo de la posguerra.
Nos transmitió el amor por la poesía, unida a la figura de su hermano Miguel, ya por entonces muerto, al que admiraba y se sentía muy ligado. Cuando le oía cantar: “Puesto que el joven azul /de la montaña ha muerto / es preciso partir / Desnudos y ásperos / inigualables…”, yo intuía que ese joven azul era Miguel, y que a nosotros nos tocaba seguir en esta vida, dura, haciendo de nuestra singularidad un trazado único. Este canto era para mí, una llamada a la creatividad y la superación.
A valorar la libertad y a tener los pies en la tierra, eso me enseñó, a saber vivir en la humedad de los grises para poder inventar, de vez en cuando, el paraíso, aunque en ese paraíso sólo viviera una flor.
Este Buñuel de la acción y la palabra, al que habiendo llamado don José Antonio en Teruel, no nos sale llamar “el abuelo”, es el hombre viajero, el diputado, el profesor, el amigo, el enamorado de Juana, el orgulloso padre y abuelo de dos nietas, el trovador de voz callosa, el hermano de Miguel, y para mí un hacedor de palabras que siempre ha escuchado las palabras nuevas, con críticas y aliento, en su enseñanza de no reblar nunca, y de reírse mucho, empezando por uno mismo.
A veces escribimos para no volvernos locos y también dejamos de escribir por lo mismo. El lenguaje tiene sus propias formas, sus silencios, puede cantarse en forma de albadas o en poemas a la libertad, celebrar los amores o esfumarse una tarde de verano para poner de nuevo punto y final.
Leo tus dos últimos libros, esas memorias salpicadas de sentido del humor y de crítica a un sistema que sé que miras en ese color político que pocos entienden y que, visto lo visto, tal vez sea el único posible. No ser políticamente correcto es, sobre todo, una forma de ser libre, siempre pensando que aún no llegó nuestro Canto a la libertad, verdaderamente nuestro himno, el de muchos aragoneses y aragonesas a los que se nos arrasan los ojos cuando lo escuchamos de tu voz. El otro, sobre el tiempo y la infancia, que siempre termina pareciéndonos lejana, nos ha dejado mirarte desnudo en tu enfermedad, con esa dignidad sobria y lontana a la que nos acostumbras.
Has escrito hermosos libros de viajes con el tiempo acumulado en cada frase. Tu poesía resume muchos caminos por el desierto, ese viajar que es tu victoria. Qué más da con mochila o con baúl, si al final se trata de ser mundo y de interpretar el sabor de las nueces. Como poeta y hombre que nos da la mano, vuelves a mostrarnos que la libertad existe. Y aún sin saberlo, hemos aprendido cómo se hablan y se abrazan los árboles, también en los largos y calurosos veranos.

Teresa Agustín es poeta

Carmen Magallón es profesora

*    *     *

Blog de poemas de J.A Labordeta

Invictus

INVICTUS es una palabra en latín que significa inconquistable o invencible y que da título a la última película de Clint Eastwood. (Artículo del director ).

Está basada en el libro de John Carlin “Playing the Enemy” ( “El Factor Humano”) y  se sitúa en los días posteriores a la elección de Nelson Mandela (Morgan Freeman) como presidente de Sudáfrica. Narra todo lo acontecido en torno al Mundial de rugby en 1995 y como  los Springbok (la selección sudafricana de rugby), con Francois Pienaar (Matt Damon) a la cabeza dejaron de ser un mal recuerdo del Apartheid, para convertirse en un símbolo de reconciliación y unificación.

Invictus es un emocionante poema de William Henley escrito en 1875, desde la cama de un hospital, tras serle amputada una pierna y una fallida  lucha contra la tuberculosis. Y estas palabras se recitaba a sí mismo Nelson Mandela en sus largos días de condena y soledad.

INVICTUS

Desde la noche que sobre mi se cierne,
negra como su insondable abismo,
agradezco a los dioses si existen por mi alma invicta.
Caído en las garras de la circunstancia
no me he estremecido ni llorado en voz alta.
Bajo el vapuleo del azar, mi cabeza está ensangrentada,
más no inclinada.
Más allá de este lugar de lágrimas e ira
yacen los horrores de la sombra,
pero la amenaza de los años me encuentra,
y me encontrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el camino,
cuán cargada de castigo la sentencia.
Soy el amo de mi destino,
Soy el capitán de mi alma.

*   *   *   *

Out of the night that covers me,
Black as the Pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
For my unconquerable soul.

In the fell clutch of circumstance
I have not winced nor cried aloud.
Under the bludgeonings of chance
My head is bloody, but unbowed.

Beyond this place of wrath and tears
Looms but the Horror of the shade,
And yet the menace of the years
Finds and shall find me unafraid.

It matters not how strait the gate,
How charged with punishments the scroll
I am the master of my fate:
I am the captain of my soul.

*     *     *     *


¿A qué corriente ética de las estudiadas te recuerda el poema?

(Un fragmento de Marco Aurelio.)

*     *     *    *

Añado este documental de Nelson Mandela que acabo de ver:


Poderoso caballero es Don Dinero

Leo una noticia en El País:  Chequera contra el fracaso escolar, distintas iniciativas para intentar sortear el fracaso escolar premiando a los alumnos con dinero. Unos ejemplos:

- “Para toda la clase. Tres clases de tres institutos de FP de las afueras de París dispondrán de un bote inicial de 2.000 euros para seis semanas, susceptible de aumentar si se cumplen los objetivos de asistencia, resultados escolares, de disciplina y orientación. “

- “Buenas notas. 5.800 estudiantes de nueve años (el 4º curso de EE UU) y de 12 (el equivalente al 1º de ESO español) de centros públicos de Nueva York pueden ganar hasta 250 dólares al año, los pequeños, y hasta 500, los mayores, por sacar buenas notas en 10 evaluaciones de lectura y matemáticas a lo largo del curso. Es un proyecto del Laboratorio de Educación de Harvard”.

- “La mitad del dinero, al graduarse. 25 institutos de Chicago participan en un programa en el que los chavales de 9º y 10º (el equivalente a 3º y 4º de la ESO) reciben dinero cada seis semanas si sacan buenas notas en ese periodo: la mitad se les ingresa inmediatamente, y la otra mitad la reciben dos o tres cursos después, sólo si llegan a graduarse en el instituto… También es una iniciativa diseñada por el centro de la Universidad de Harvard“.

No me sorprende la medida. Como dice el genial Quino, es importante que desde pequeños los chicos aprendan bien como es todo…

*  *  *

Por suerte, a veces hay quien olvida lo aprendido.

Me lo decía mi abuelito. José Agustín Goytisolo.

Me lo decía mi abuelito,

me lo decía mi papá,

me lo dijeron muchas veces

y lo olvidaba muchas más.

Trabaja niño no te pienses

que sin dinero vivirás.

Junta el esfuerzo y el ahorro

ábrete paso, ya verás,

como la vida te depara

buenos momentos. Te alzarás

sobre los pobres y mezquinos

que no han sabido descollar.

Me lo decía mi abuelito

me lo decía mi papá

me lo dijeron muchas veces

y lo olvidaba muchas más.

La vida es lucha despiadada

nadie te ayuda, así, no más,

y si tú solo no adelantas,

te irán dejando, atrás, atrás.

¡Anda muchacho y dale duro!

La tierra toda, el sol y el mar,

son para aquellos que han sabido

sentarse sobre los demás.

Me lo decía mi abuelito

me lo decía mi papá

me lo dijeron muchas veces

y lo he olvidado siempre más.

………

(Poderoso caballero es Don Dinero: fragmento con Paco Ibañez cantando a Quevedo)

Una vida

Árbol de la vida, Gustave Klimt, 1905

.

Emocionante escrito de Rosa Montero en El País: (tras la muerte de su compañero, el periodista Pablo Lizcano).

UNA VIDA

Un cabrilleo de agua y sol en el mar, o quizá en una piscina. El cuerpo caliente y esponjoso como pan recién hecho.

Sombras en la noche, una pesadilla. Las manos de tu madre encendiendo el mundo, disolviendo los monstruos. Ordenando las cosas.

Carreras jadeantes, frenéticas risas, juegos de niñez en patios retumbantes.

Melancolía aguda de lo aún no vivido. Intuición adolescente del resto de tu vida. Deliciosa tristeza.

La carne, un tesoro. El vertiginoso misterio de los cuerpos. El amor estallando como una supernova y dejándote ciego.

Y también el desamor: un agujero.

Una noche de agosto en pleno campo, un alboroto de cigarras, una luna llena de color naranja que parece el decorado de un teatrillo japonés, el tiempo por una vez piadosamente detenido. La plenitud, que siempre es sencilla.

Mirar a un amigo, mirar a tu amante y ver en sus ojos el pasado común. Contemplarte en los otros como en un espejo.

La serenidad que llega tras las lágrimas. Y también todas las risas compartidas, los momentos de juego, las carcajadas dichosas.

Todos los libros leídos, las músicas gozadas, los besos recibidos. Y una conversación una tarde de invierno comiendo chocolate frente a la chimenea.

La alegría de vivir. Y la fugaz y espléndida belleza.

Una noche de angustia. Intuición de la muerte. Una mano en la tuya. La cama es una balsa en mitad del naufragio.

Una novela leída al lado del lecho de un enfermo mientras llueve.

Torbellinos de polvo en un rayo de sol, un universo ínfimo.

Un cabrilleo de agua. El último chispazo.

Esta poca cosa, o esta enormidad, es una vida.