Filosofía, ¿para qué?

Tras unos meses lejos del teclado del ordenador retomo el curso de este blog para iniciar el curso saludando a mis nuevos alumnos y a a los que se asomen por estás páginas.

En estos primeros días de clase nos asalta como siempre la cuestión de para qué sirve la filosofía y de si no es mejor ser ignorante y feliz y dejar a un lado toda la desazón que las cuestiones filosóficas nos pueden despertar.

Cuentan que al filósofo Xavier Zubiri, cuando le preguntaban sus estudiantes para que servía estudiar filosofía, él respondía, que en principio para que dejaran de hacerle esa pregunta.

Os remito a la propuesta de actividad de la profesora Ada Galán en su blog Las ideas de los náufragos con la canción Destino Zoquete de Def Con Dos.

Y una lectura altamente recomendable para alimentar la reflexión sobre el tema:

Brahmin prayer

VOLTAIRE

HISTORIA DE UN BUEN BRAHMÍN (1761).

(Candide et autres contes. Librairie Générale Française Tome I. Paris 1983. <Histoire d’un bon bramin>, pp.361-363. Traducción del 20-8-98 por Simón Royo Hernández).

Al través de mis viajes me encontré con un viejo brahmín, hombre razonable, lleno de ingenio y muy sabio; además, era rico, y, por tanto, aún más razonable: pues, al no faltarle de nada, no tenía necesidad de engañar a nadie. Su familia estaba muy bien gobernada por tres hermosas mujeres que se esmeraban por complacerle; y, cuando no se divertía con sus mujeres, se ocupaba en filosofar.

Cerca de su casa, que era hermosa, adornada y acompañada de encantadores jardines, habitaba una vieja india, beata, imbécil, y bastante pobre.

El brahmín me dijo un día: <<Quisiera no haber nacido nunca>>. Le pregunté por qué. Él me respondió: <<Llevo cuarenta años estudiando, y son cuarenta años perdidos; enseño a los otros, y lo ignoro todo: esta situación postra mi alma en tal humillación y tal asco que la vida me resulta insoportable. He nacido, vivo en el tiempo y no sé lo que es el tiempo; me encuentro en un punto entre dos eternidades, como dicen nuestros sabios, y no tengo la menor idea de la eternidad. Estoy compuesto de materia; pienso, pero jamás he podido instruirme acerca de lo que produce el pensamiento; ignoro si mi entendimiento es en mí una simple facultad, como la de andar o la de digerir, y si pienso con mi cabeza del mismo modo que agarro con mis manos. No solamente me es desconocido el principio de mis pensamientos, sino que el principio de mis movimientos me resulta igualmente escondido: no sé por qué existo. Sin embargo, todos los días se me hacen preguntas acerca de todos estos puntos: y hay que responderlas; no tengo nada bueno que decir; hablo mucho, y siempre me quedo confuso y avergonzado de mi mismo después de haber hablado.

Y resulta peor aún cuando me preguntan si Brahma ha sido producido por Visnú o si los dos son eternos. Dios es testigo de que no sé una sola palabra de ello, y bien se nota en mis respuestas. <<Ah! mi reverendo padre, -me dicen-, explicadnos cómo es que el mal inunda toda la tierra>>. Yo estoy tan absorto como los que me formulan esa pregunta: a veces les digo que en el mundo todo es de la mejor manera posible; pero aquellos que se han arruinado o que han quedado mutilados por la guerra no me creen en absoluto, ni yo tampoco; me retiro a mi casa abrumado de mi curiosidad y mi ignorancia. Leo nuestros antiguos libros, y ellos redoblan mis tinieblas. Hablo con mis compañeros: los unos me responden que hay que disfrutar de la vida, y burlarse de los hombres; los otros creen saber algo, y se pierden en ideas extravagantes; todo ello aumenta el sentimiento doloroso que experimento. Estoy cerca muchas veces de caer en la desesperación, cuando me doy cuenta de que tras todas mis investigaciones no sé ni de dónde vengo, ni lo que soy, ni adónde iré, ni en lo que me convertiré>>.

El estado de este buen hombre me produjo una verdadera lástima: nadie era más razonable ni tenía más buena fé que él. Comprendí que cuantas más luces tuviese en su cabeza y más sensibilidad en su corazón, más desgraciado sería.

Ese mismo día vi a la vieja mujer que habitaba en su vecindad: le pregunté si alguna vez había estado afligida por no saber cómo estaba hecha su alma. Ella simplemente no comprendió la cuestión: jamás había reflexionado ni un solo instante de su vida acerca de uno solo de los puntos que atormentaban al brahmín; ella creía en las metamorfosis de Visnú de todo corazón, y con tal de que pudiese tener de vez en cuando agua del Ganges para lavarse, se creía la más feliz de las mujeres.

Impresionado por la felicidad de aquella pobre criatura, retorné junto a mi filósofo, y le dije: <<¿No os averguenza ser desgraciado, al mismo tiempo que a vuestra puerta hay una vieja autómata que no piensa en nada, y que vive contenta?>>. <<Teneis razón, -me respondió-; me he dicho cientos de veces que yo sería feliz si fuese tan estúpido como mi vecina, y sin embargo yo no quisiera una felicidad semejante>>. Esta respuesta de mi brahmín me produjo una mayor impresión que todo lo demás; me examiné a mí mismo, y ví que en efecto yo no hubiese querido ser feliz a condición de ser imbécil.

Propuse la misma cosa a los filósofos, y fueron de mi misma opinión. <<Hay por tanto -dije yo-, una escandalosa contradicción en esta manera de pensar: ¿puesto que en definitiva de qué se trata? De ser feliz. ¿Qué más da tener luces o ser estúpido? Y aún hay mucho más: los que están contentos de cómo son están muy seguros de estar satisfechos; sin embargo los que razonan no están tan seguros de razonar bien. Luego está claro, -decía yo-, que habría que escoger no tener sentido común, a poco que tal sentido común contribuya a nuestro malestar>>. Todo el mundo estuvo de acuerdo conmigo, y sin embargo no encontré a nadie que quisiera aceptar el trato de convertirse en imbécil para estar contento. De ahí que yo concluyese, que si bien nos importa la felicidad, aún nos importa más la razón.

Pero, después de haber reflexionado, parece que preferir la razón a la felicidad, es ser muy insensato. ¿Cómo puede entonces explicarse tal contradicción?. Como todas las otras. Aquí hay algo de lo que hablar mucho.

*     *     *     *

El título de este post está tomado del siguiente artículo de obligada lectura del profesor tristemente asesinado Ignacio Ellacuría. Pincha aquí.

2 Respuestas a “Filosofía, ¿para qué?

  1. Acabo de descubrir tu blog buscando un mapa de Grecia Antigua, es tremendamente interesante.
    Espero que no lo abandones.
    Un saludo y gracias.

  2. Saludos!
    Gracias.Espero que siga creciendo y disponer de más ratos de ocio para ello.

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