La visión mítica del mundo

Eco y Narciso. J. Waterhouse

“Narciso, detente, aguarda; que con ser tanta mi pena, aun es mayor tu ignorancia. ¿A quién ves en esa fuente? ¿Con quién a esa fuente hablas, si cuanto está dentro della solo es una sombra falsa, que a nuestros ojos ofrece la reflexión en el agua, porque, como es un cristal que nuestros cuerpos retrata, finge ese objeto a la vista?

Calderón de la Barca(*)

(*) Fragmento y retrato extraidos de Kalipedia

La lectura de mitos acompañada de un recorrido por  su interpretación a lo largo de la Historia del Arte, es un regalo para los sentidos. Una estupenda página de Assela Alamillo y Emma Rodriguez, nos permite disfrutar de la representación y las diferentes visiones de estos mitos, según la época y el autor. Apolo y Dafne, el rapto de Europa, Narciso, el juicio de Paris…

Visto en:Mitología y Arte

El juicio de Paris , mediando en una disputa entre Hera, Atenea y Afrodita, provoca el favor de Afrodita y con éste el amor de Helena, lo que nos arroja de lleno a la guerra de Troya, tan hermosamente narrada por el poeta Homero en la Ilíada. Una vez vencida la guerra gracias a la astucia de Ulises-Odiseo, éste desea volver a su hogar en Itaca, anhelo que se ve enturbiado por todo tipo de obstáculos. La Odisea de Homero, narra esta aventura. Hay una versión cantada por Javier Krahe, llamada Como Ulises, con un final “algo” diferente. El autor del montaje del vídeo Antonio Parra, cuenta en su blog algo de las andanzas de este cantautor tan irónico y sensible al mismo tiempo. Pude verlo en Granada en un concierto en mi época de estudiante y guardo un recuerdo entrañable de aquella divertida noche.

No sé cual es más bella,si
la mar, la vela o la estrella,y
las tengo al navegar,
las tengo al navegar,
las tengo al navegar,
la estrella, la vela y la mar.

Yo, como Ulises, he sido
de Penélope el marido,
y me alejé de esa joya
por unirme a Agamenón,
que iba a la guerra de Troya,
me pedía el cuerpo acción.
Y tuve acción, tuve guerra,
ríos de sangre por tierra,
y, entre hecatombes y vino,
Aquiles, casi divino.
Y el mejor de mis engaños:
un caballo de madera.
Y Aquiles que desespera
y muere. Fueron diez años.
Y me volví para casa,
puse de Itaca el rumbo,
y ya sabéis lo que pasa,
doy un tumbo y otro tumbo.
Y, ¿qué queréis que uno haga?
Si al primer tumbo me tumbo
en el lecho de una maga?
Baste deciros que tanto
de Calipso fue el encanto
que me acosté en aquel lecho
un par de años, quizá tres,
y siempre estaba deshecho.
Pero el tiempo es como es.

Y rompe el encanto un día.
Y sigues tu travesía,
resistes a duras penas
cánticos de las sirenas,
y visitas el infierno
donde Aquiles y tu madre,
aunque Cerbero les ladre,
tienen frío y es eterno.
Y otra vez de vuelta a casa,
otra vez de Itaca al rumbo,
y ya sabéis lo que pasa:
doy un tumbo y otro tumbo
y, otra vez mi suerte aciaga,
y, esta vez casi sucumbo
en el lecho de otra maga.
Circe de turbio recuerdo
me quería para cerdo.
Lo fueron mis camaradas,
a mí me salvó algún dios.
Y le afeé sus cerdadas:
que te zurzan, Circe, adiós.

Y, al mar, me dicta mi instinto,
al mar, que es un laberinto.
Y sopla un viento contrario
y doy con un sanguinario
cíclope vil, Polifemo.
Aunque me tuvo a su antojo
era un borracho y un memo.
Le clavé un palo en el ojo.
Nadie, gritaba, me ciega,
Nadie, gritaba acusica.
Con Poseidón no se juega
y naufrago hacia Nausicaa,
linda princesa feacia,
a quién traté en plan colega
con extrema diplomacia.
Y me alojé en el palacio
de su padre, el rey feacio,
y me contaron mi historia
sin saber que yo era yo,
y en un momento de euforia
mi gloria me descubrió:

Señores, sí, soy Ulises,
vuelvo de muchos países,
debo seguir navegando,
Itaca me está esperando.
Me ofrecieron un navío
y remeros, los mejores.
Y zarpé hacia mis amores,
mi Penélope y el crío.
Itaca al fin, veinte años,
Itaca al fin, no son nada,
unos cuantos desengaños
y es el mar agua pasada.
Me disfracé de mendigo:
vi a Penélope casada
con un antiguo enemigo.
Ahora soy un ex marido
un ex padre, y he sabido
que guardó un tiempo mi ausencia
bordando que era un primor,
que se agotó su paciencia,
que rompió su bastidor.

En uno de sus repentes
y a uno de los pretendientes
parece ser que le dijo:
padre serás de mi hijo
y tendremos otros varios,
Ulises, si es que regresa,
se llevará un sorpresa,
me lo dictan mis ovarios.
Y ahora, perdido mi rumbo,
ahora voy adonde sea,
un tumbo doy y otro tumbo
y prosigo mi Odisea
en otras tristes canciones.
Sólo Hermes y Atenea
comparten mis libaciones.

No sé cual es más bella, si
la mar, la vela o la estrella, y
las tengo al navegar,
las tengo al navegar,
las tengo al navegar,
la estrella, la vela y la mar.

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Entrada relacionada:

Me importa un mito.

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