Mito de los metales

 Empezamos un nuevo trimestre. Ánimo a los alumnos de 2º que tenéis que recuperar la evaluación.  Mad men rock, nos amenizaron un par de clases con su versión del mito de los metales.

Debido al llamado principio de especialización funcional del Estado, cada individuo debe, por naturaleza, ocuparse de aquello para lo que vale y le es propio. No todos los hombres están igualmente dotados  ni pueden realizar las mismas funciones. Platón en el 415a de su República, clasifica a los ciudadanos dependiendo del metal del que estén compuestos: bronce o hierro, plata, y oro. Se trata de una metáfora que sirve para explicar como las aptitudes han de ser las que determinen a que clase social se pertenece.  Lo normal es que los hijos se parezcan a sus padres, aunque no tiene porqué ser así.

«Sois, pues, hermanos todos cuantos habitáis en la ciudad -les diremos siguiendo con la fábula-; pero, al formaros los dioses, hicieron entrar oro en la composición de cuantos de vosotros están capacitados para mandar, por lo cual valen más que ninguno; plata, en la de los auxiliares, y bronce y hierro, en la de los labradores y demás artesanos. Como todos procedéis del mismo origen, aunque generalmente ocurra que cada clase de ciudadanos engendre hijos semejantes a ellos, puede darse el caso de que nazca un hijo de plata de un padre de oro o un hijo de oro de un padre de plata o que se produzca cualquier otra combinación semejante entre las demás clases. Pues bien, el primero y principal mandato que tiene impuesto la divinidad sobre los magistrados ordena que, de todas las cosas en que deben comportarse como buenos guardianes, no haya ninguna a que dediquen mayor atención que a las combinaciones de metales de que están compuestas las almas de los niños. Y si uno de éstos, aunque sea su propio hijo, tiene en la suya parte de bronce o hierro, el gobernante debe estimar su naturaleza en lo que realmente vale y relegarle, sin la más mínima conmiseración, a la clase de los artesanos y labradores. O al contrario, si nace de éstos un vástago que contenga oro o plata, debe apreciar también su valor y educarlo como guardián en el primer caso o como auxiliar en el segundo, pues, según un oráculo, la ciudad perecerá cuando la guarde el guardián de hierro o el de bronce.»

Visto en filosofiesta

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