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Arte y belleza

En 1º de bachillerato hemos terminado el curso, entre otras cosas,  debatiendo la controvertida relación entre arte y belleza. Para empezar a reflexionar acerca del proceso creativo y de la diferencia entre lo bello y lo bonito, les pedí en una clase que escribieran su propio poema vital, tomando como ejemplo la lectura del texto Una vida de Rosa Montero que publiqué en un post anterior y un poema de Gabriel Celaya:

BIOGRAFIA

No cojas la cuchara con la mano izquierda.
No pongas los codos en la mesa.
Dobla bien la servilleta.
Eso, para empezar.

Extraiga la raíz cuadrada de tres mil trescientos trece.
¿Dónde está Tanganika? ¿Qué año nació Cervantes?
Le pondré un cero en conducta si habla con su compañero.
Eso, para seguir.

¿Le parece a usted correcto que un ingeniero haga versos?
La cultura es un adorno y el negocio es el negocio.
Si sigues con esa chica, te cerraremos las puertas.
Eso, para vivir.

No seas tan loco. Sé educado. Sé correcto.
No bebas. No fumes. No tosas. No respires.
¡Ay sí, no respirar! Dar el no a todos los nos.
Y descansar: Morir.

Tras algunas reticencias al principio, todos los alumnos escribieron su poema y lo leyeron, con resultados sorprendentes por parte de algunos. Se valoraron y se elegieron los mejores para reflexionar acerca de qué los hacía diferentes.

No voy a detallar en este momento todas las actividades que hemos llevado a cabo para profundizar en el tema, (quizás el curso que viene lo haga), pero los interrogantes que han ido surgiendo han sido múltiples e inagotables.

¿Una obra de arte ha de ser bella? ¿Qué es lo bello? ¿Es universal o relativo? ¿Es expresión de su tiempo (Marx) o tiene el sello de la eternidad? ¿La obra de arte imita lo real?  (Para este interrogante hay un estupendo material de M. Lipman en sus cuadernillos didácticos de la novela Lisa) ¿Qué convierte a  un objeto estético en una obra de arte: la intención del artista, el espectador (¿la crítica?) o cualidades de la obra en sí tales como el tamaño, la significatividad, la expresividad, la originalidad…etc? ¿Se puede reducir lo bello al gusto? ¿El mal gusto es a la belleza lo que el error a la verdad?

Mis alumnos (dos grupos estupendos) tuvieron que decidir que obra pictórica, edificio, pieza musical, filme, textos ,  les resultaban plenos de belleza y también al contrario de fealdad. He disfrutado corrigiendo esta actividad, he descubierto cosas maravillosas y otras horrendas e incluso me he reido con sus ejemplos.

Por supuesto se encendió la polémica con respecto al arte abstracto contemporáneo…¿Es gratuitamente provocador o al perturbar nuestra mirada renueva nuestra comprensión de lo artístico e incluso de lo real…?

El final de curso me permite volver a tener tiempo para pasearme por la red y he descubierto un texto muy interesante de Rafael Argullol que nos abre las puertas a otro interrogante no menos interesante que los anteriores. ¿Cómo enfrentar el tema del mal desde el punto de vista del arte? Dejo un fragmento del mismo como ejercicio veraniego para el que aún le haya sabido a poco todo lo anterior (pincha aquí para leer el texto completo):

Pero volviendo al tema del mal el arte afronta el mal desde esta multiplicidad. En cambio el legislador, el historiador, el periodista, el sociólogo, afronta el mal como una pieza que necesariamente distorsiona el engranaje colectivo. El artista no puede hacer eso: tiene que ver hacia dónde conduce eso, qué parte de eso está en nosotros mismos. No puede decir, volviendo al principio, que Hitler era inhumano, como se encargaron de decir políticos, historiadores uy sociólogos. El artista tiene que decir, creo yo, “Hay en mí un Hitler. Y ese Hitler, en la medida en que yo lo conozco, puedo llegar a enfrentarlo, dominarlo y exponerlo para mis contemporáneos y para mis coetáneos”. Pero no puedes decir que es inhumano o diabólico porque con eso estás diciendo que es ajeno a la condición humana. Al juez le interesa decir: “Usted es inhumano porque no se comporta según la sociedad humana.” Pero el artista no puede decir de nadie que es inhumano sino que tiene que saber que forma parte de la condición humana esa inhumanidad. Es por eso que el abordaje del mal, evidentemente, es muy distinto si se hace desde el punto de vista de la religión, de la historia o del arte. Aquello tan recurrente a Aristóteles sería aplicable también a esto, cuando dijo que la poesía era superior a la historia porque la  poesía nos hablaba de lo que podía ser y no solamente de lo que había sido, como la historia. En general podríamos decir que la mayor ambición del arte es que nos habla de todas las potencialidades del ser humano, incluidas aquellas malignas, pero no para llegar a una delectación en esa maldad, sino para mirarla de frente. Y al mirarlo de frente, tener la capacidad de ser mejores: en el momento en que somos capaces de leer, en el sentido que apuntaba Todorov,  y enfrentarnos de frente a esas capacidades, tenemos una capacidad catártica respecto a eso.

Para terminar, nada mejor que un  genial corto de animación de Tomek Baginski: Fallen Art (2005). Asistimos a la vida de un cuartel en la que un general ocioso da rienda suelta a su “genio creativo”. ¿Algo repulsivo puede ser considerado artístico?…

(Lástima que no me haya dado tiempo de poner La soga de Hitchcock ).

Una vida

Árbol de la vida, Gustave Klimt, 1905

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Emocionante escrito de Rosa Montero en El País: (tras la muerte de su compañero, el periodista Pablo Lizcano).

UNA VIDA

Un cabrilleo de agua y sol en el mar, o quizá en una piscina. El cuerpo caliente y esponjoso como pan recién hecho.

Sombras en la noche, una pesadilla. Las manos de tu madre encendiendo el mundo, disolviendo los monstruos. Ordenando las cosas.

Carreras jadeantes, frenéticas risas, juegos de niñez en patios retumbantes.

Melancolía aguda de lo aún no vivido. Intuición adolescente del resto de tu vida. Deliciosa tristeza.

La carne, un tesoro. El vertiginoso misterio de los cuerpos. El amor estallando como una supernova y dejándote ciego.

Y también el desamor: un agujero.

Una noche de agosto en pleno campo, un alboroto de cigarras, una luna llena de color naranja que parece el decorado de un teatrillo japonés, el tiempo por una vez piadosamente detenido. La plenitud, que siempre es sencilla.

Mirar a un amigo, mirar a tu amante y ver en sus ojos el pasado común. Contemplarte en los otros como en un espejo.

La serenidad que llega tras las lágrimas. Y también todas las risas compartidas, los momentos de juego, las carcajadas dichosas.

Todos los libros leídos, las músicas gozadas, los besos recibidos. Y una conversación una tarde de invierno comiendo chocolate frente a la chimenea.

La alegría de vivir. Y la fugaz y espléndida belleza.

Una noche de angustia. Intuición de la muerte. Una mano en la tuya. La cama es una balsa en mitad del naufragio.

Una novela leída al lado del lecho de un enfermo mientras llueve.

Torbellinos de polvo en un rayo de sol, un universo ínfimo.

Un cabrilleo de agua. El último chispazo.

Esta poca cosa, o esta enormidad, es una vida.